Veracidad y Mendacidad del Testimonio Forense
Mentirología y mentiroscopia

Por Miguel Ángel Gallardo Ortiz, Criminólogo, en http://www.cita.es/conmigo
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La simulación, el fingimiento, la falsedad (según el diccionario puede ser 1. f. Falta de verdad o autenticidad. 2. f. Falta de conformidad entre las palabras, las ideas y las cosas. 3. f. Der. Delito consistente en la alteración o simulación de la verdad, con efectos relevantes, hechas en documentos públicos o privados, en monedas, en timbres o en marcas) y la mentira (expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa, según la Real Academia), así como la reticencia a reconocer la verdad en el testimonio forense, están tipificados por artículo 460 del Código Penal, pero son delitos que muy raras veces se persiguen eficazmente.

La capacidad de jueces y fiscales de detectar falsedades y mentiras, por sí mismos, parece muy escasa (tal vez la detecten con mucha más frecuencia de lo que parece, porque si así fuera, lo que ocurre es que no actúan en consecuencia), pero para las partes que se sienten víctimas de falsos testimonios no es fácil detectar, y mucho menos aún evidenciar convincentemente, que alguien miente a sabiendas de que está mientiendo, con desprecio a la verdad, y claro perjuicio para las víctimas de la mentira. En lo que sigue trataremos de enfocar esta problemática compleja, sin más pretensiones que la de observar el fenómeno de la mentira, y su fenomenología, proponiendo una inédita tesis mentiroscópica, con referencias periciales, doctrinales y jurisprudenciales, mucho más vividas que leídas. Finalmente, se abordará la "falsa acusación judicial de falsedad", como "metamendacidad judicial".

Preguntas y consideraciones generales sobre veracidad y mendacidad

¿Cómo podemos conocer, y hacer conocer a otros, de manera clara y distinta, la verdad y la mentira? ¿Cómo podemos diferenciar al veraz del mendaz? El veraz no siempre dice la verdad, aunque sinceramente crea que sí la está diciendo, y el mendaz no siempre miente. Es más, el mendaz más hábil miente poquísimo, porque son los mentirosos más inteligentes los que menos mienten, aunque cuando mienten, especialmente si deciden mentir una única vez, su efecto es demoledor. Las dos preguntas anteriores se pueden contestar con otras dos ¿hay alguien tan estúpido que siempre mienta? y ¿hay alguien tan veraz que siempre, absolutamente siempre, haya dicho la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pasase lo que pasase, en todo momento y lugar, a lo largo de toda su vida? Las bromas, el humorismo, los trucos de magia, y hasta la más elemental cortesía de la urbanidad que forma parte de nuestra educación, nos obliga a mentir de vez en cuando. Pero ¿existe una cultura de la mentira? ¿Una sola?

Antes de empezar a intentar diferenciar la verdad de la mentira, y al veraz del mendaz, sería bueno preguntarse si efectivamente podemos diferenciar a una de otra y a unos de otros. Es decir, que antes de buscar la solución de un problema, hay que pensar si ese problema puede ser resuelto, y en qué condiciones puede ser efectivamente resuelto. Y la respuesta sensata a esa pregunta previa es que no siempre podemos diferenciar la verdad primitiva de la mentira elaborada, y por lo tanto, es muy probable que muchos mendaces hábiles nos parezcan veraces, y también que muchos veraces torpes nos parezcan mendaces. Y lo cierto es que todos hemos experimentado alguna vez la impotencia, la incapacidad, y la ignorancia, precisamente, para distinguirlos claramente. ¿Hay alguien que nunca se haya sentido engañado al creer que era cierto lo falso o falso lo cierto, o que sí se haya sentido engañado sin que se le hubiera tratado de engañar realmente? Tal vez sea peor aún que la ingenuidad, el creer que todo, absolutamente todo, es mentira.

Los polígrafos, los analizadores fonéticos y acústicos de voces, los gestos y microgestos, y cualquier tipo de expresividad corporal, incluyendo la más imperceptible emisión de feromonas o los más sensibles escáneres y electroencefalogramas, pueden ser muy engañosos. Los jugadores de mus o de póker, los expertos en inteligencia y espionaje, policías familiarizados con las más sutiles técnicas de interrogatorio, y también abogados, fiscales, jueces y magistrados, e incluso endocrinólogos, psicólogos y neurólogos, pueden equivocarse, y de hecho, se equivocan, probablemente tanto como la mayoría de los que sobrevaloran su propia capacidad de distinguir la veracidad de la falsedad. Quizá la primera prueba incontestable de la experiencia mentiroscópica es la conciencia de las propias limitaciones, y desde la duda sistemática de Descartes, intentar avanzar en la mentirología y la mentiroscopia, de manera clara y distinta.

Para idear al buen detector de mentiras, al que llamaremos mentiróscopo, Platón nos da alguna idea en República, pág. 334a de su paginación canónica (“Y así también, el diestro en guardarse de una enfermedad, ¿no será el más hábil en inocularla secretamente? Y aún más: ¿no será buen guardián del campamento aquel mismo que es bueno para robar los planes y demás tratos del enemigo?”), idea que nos hace pensar que nadie mejor que un buen embustero para detectar la mentira de otro buen embustero. ¿Estamos todos igualmente dotados para distinguir la veracidad de la mendacidad? ¿Puede distinguirse de manera clara una mentira sin haber mentido nunca? Yo creo que no. Es más, creo que nadie, mínimamente inteligente, puede creer algo así (y si alguien dice que lo cree, entonces yo creo que miente). Otra cosa es que el estudio y la racionalización de la lógica de la mendacidad pueda ayudar, pero la mendacidad es un hecho íntimo, imposible de ser percibido por quien no lo haya experimentado por sí mismo alguna vez. Pero lo que yo crea o deje de creer no es imporante. Sí lo es lo que no puede dejar de ser cierto, y pueda resultar útil para investigar en lo que podríamos denominar mentiroscopia, como parte de la mentirología.

Mentirología y mentiroscopia

Si aceptamos que puede existir una ciencia de la mentira, o mentirología, la mentiroscopia sería su técnica instrumental, y sus expertos serían mentiróscopos. Pero según JAUME MASIP (¿SE PILLA ANTES A UN MENTIROSO QUE A UN COJO? SABIDURÍA POPULAR FRENTE A CONOCIMIENTO CIENTÍFICO SOBRE LA DETECCIÓN NO-VERBAL DEL ENGAÑO, 2005) "los seres humanos somos pésimos detectores de mentiras, nuestra confianza no se relaciona con la precisión de nuestros juicios, tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de detectar mentiras, nuestras creencias sobre los indicadores del engaño son erróneas y utilizamos claves equivocadas al hacer tales juicios. ¿Existe alguna esperanza de aprender a hacerlo bien?"

Mi tesis mentiroscópica es que siempre, absolutamente siempre, se puede mejorar la sensibilidad mentiroscópica, detectando antes y evidenciando mejor, con más claridad, cualquier tipo de mentira, de la misma manera que siempre se puede mentir algo mejor (sobre todo cuando se conoce cómo, cuándo y por quién se intentará poner a prueba la veracidad). Por lo tanto, desde una perspectiva parecida a la que la teoría de la complejidad mantiene en relación a la criptología (existe el secreto perfecto, pero es prácticamente imposible de utilizar con un mínimo de eficiencia en los actuales sistemas, y todo criptosistema puede ser criptoanalizado con expectativas, pero sin garantías, de éxito), en la que siempre se puede cifrar algo mejor, y siempre se puede tardar algo menos en descifrar, si es que podemos plantear un criptoanálisis con la información a nuestro alcance. Se trata, por lo tanto, tanto en la criptología como en la mentirología, de carreras de persecuciones con obstáculos que no tienen, porque no pueden tener, ningún fin definitivo, o ninguna absolutamente conclusión incontrovertible.

Al igual que en la criptología ocurre con el criptoanálisis, el contexto y la verificabilidad resultan imprescindibles para el análisis mentiroscópico. Hay algo peor que ignorar o ser engañado, y es creer que se sabe algo que realmente no es cierto, o acusar de mentir a quien realmente está diciendo la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. Más adelante nos ocuparemos de las falsas acusaciones de mentir, desde una perspectiva legal y judicial.

En toda actividad criptoanalítica o mentiroscópica siempre hay claves o pequeñas piezas de información estructurada de trascendental relevancia. La detección, interpretación y uso de claves suele ser también la clave del éxito criptológico o mentirológico.

En el ámbito psicológico-legal, se ha buscado una huella psicológica que permita diferenciar a veraces de mendaces. Ramón Arce y Francisca Fariña han publicado sobre la PERITACIÓN PSICOLÓGICA DE LA CREDIBILIDAD DEL TESTIMONIO, LA HUELLA PSÍQUICA Y LA SIMULACIÓN: EL SISTEMA DE EVALUACIÓN GLOBAL (SEG), y más concretamente, EN BUSCA DE LA HUELLA PSÍQUICA DEL DELITO: LA DETECCIÓN DE LA SIMULACIÓN EN LA EVALUACIÓN CLÍNICA, en las victimaciones. Se entiende por victimación el hecho de haber sido objeto de un delito pero también la amalgama de consecuencias de este acto. Éstas pueden ser de muy diversos tipos: físicas, económicas, sociales o psíquicas. La huella psíquica, al igual que la huella de memoria, puede en una evaluación pericial convertirse en prueba de cargo. Pero, en un contexto como el que nos ocupa, el medicolegal, no es suficiente con diagnosticar un trastorno o trastornos, sino que ha de sospecharse simulación (American Psychiatric Association, 2002). Para este doble objetivo, el diagnóstico clínico y control de la simulación, no es efectiva la evaluación clínica ordinaria. De hecho, la evaluación clínica tradicional nunca ha informado de simulación (i.e., Rogers, 1997). Para la medida de la huella psíquica y el control de la simulación (hipótesis a contrastar en la medida de la huella psíquica de un delito), Arce, Fariña y Pampillón (2002) han creado y validado un protocolo de actuación en función de las respuestas y estrategias seguidas por los simuladores.

JAUME MASIP (¿SE PILLA ANTES A UN MENTIROSO QUE A UN COJO? SABIDURÍA POPULAR FRENTE A CONOCIMIENTO CIENTÍFICO SOBRE LA DETECCIÓN NO-VERBAL DEL ENGAÑO, 2005), referencia y opina:

Se han realizado muchos intentos de entrenar a las personas para detectar el engaño (véanse las revisiones de Bull, 2004; Frank y Feeley, 2003; Vrij, 2000). Vrij observa que se han utilizado tres tipos de entrenamiento. Uno consiste en proporcionar a los sujetos retroalimentación sobre sus resultados, de forma que puedan aprender de sus errores y sus aciertos al ir efectuando los juicios de credibilidad. Otro tipo de entrenamiento se basa en una estrategia informacional, consistente en indicar a los observadores cuál es la verdadera relación entre determinados indicadores y el engaño. Un tercer tipo de entrenamiento se basa en una estrategia atencional, en que se focaliza la atención de los observadores sobre determinadas claves reveladoras (sin explicitar necesariamente su significado), o bien sobre aquellos canales más transparentes (por ej., el canal auditivo). Según Vrij, con independencia del método empleado, en general los observadores han logrado incrementar su nivel de aciertos en la condición de entrenamiento. Pero el autor también indica que tales incrementos han sido muy pobres: precisión media del 54% en los grupos no-entrenados vs. del 57% en los grupos entrenados.

En ocasiones, determinados colectivos profesionales cuya labor les exige evaluar la credibilidad se dejan llevar por sus creencias ingenuas. Otras veces, en un loable afán de aprender y capacitarse profesionalmente, buscan información en determinados libros, en muchas ocasiones aparentemente escritos por reputados profesionales de la psicología, pero que de hecho son obra de autores poco cualificados que sólo ofrecen ingenuos consejos de nulo valor científico. En otras ocasiones van más allá y asisten a cursillos o seminarios; pero a menudo éstos son impartidos por personas ajenas a los campos de la psicología o de la comunicación, o por compañeros más experimentados que, en muchos casos con la mejor de las intenciones, se limitan a transmitir sus intuiciones y creencias de sentido común, desvinculadas del avance científico en el campo de conocimiento relevante. En determinados ámbitos, las consecuencias de un juicio erróneo de la credibilidad pueden ser devastadoras (condena de un inocente; limitación del acceso a determinado empleo o su pérdida; etc.), por lo que es necesario que quienes deban hacer tales juicios reciban la información más rigurosa y actualizada en el área de la detección del engaño. Los psicólogos están entre ellos, pero tienen además la importante responsabilidad adicional de asesorar a otros profesionales (y a legos) sobre la verdadera relación entre las claves conductuales y el engaño.

Desde una perspectiva criminológica, la experiencia demuestra que la conciencia de la culpa acaba por hacer aflorar evidencias de mentiras, y por lo tanto, el análisis de la culpabilidad y su fenomenología contribuye a la comprensión de la mentira, y de muchas mentiras. El asesino (dicen que) siempre vuelve al lugar del crimen, y el mentiroso culpable también es posible que acabe por contradecirse, o por derrumbarse y confesar, empezando por aquello en lo que se mintió.

Pero como estamos en una facultad de Filosofía (este trabajo se presenta para una asignatura de Psicología de Cuarto Curso de Filosofía), entiendo que la que las cuestiones siempre deben tener protagonismo, quiero proponer algunas preguntas más:

¿Miente igual un paupérrimo y deprimido agricultor centenario y analfabeto de la China interior acusado de asesinato, que un eufórico y aparentemente muy exitoso joven banquero suizo, cosmopolita y políglota, acusado de haber aparcado incorrectamente su deportivo?

¿Tiene los mismos recursos mentiroscópicos un joven aldeano sordomudo que ha sido, o al menos cree haber sido engañado por su mujer, cuyo hijo probablemente no sea suyo, que un veterano comisario principal de policía, gran jugador de mus, con profundos estudios criminológicos y amplios conocimientos de técnicas de ilusionismo mágico y mentalismo aplicado al noble arte del engaño sin perjudicado, que cree que su hijo no le cuenta todo lo que a él le gustaría saber de los padres de su novia, por pura curiosidad paternal, pero sin mayor trascendencia?

La mentirología puede ser una ciencia universal, pero la mentiroscopia no es, no puede considerarse sensatamente que pueda ser nunca, una técnica universalmente aplicable. De hecho, nuestro radio de percepción mentiroscópica se limita a los idiomas que conocemos suficientemente bien (que en la mayoría, ámbitos culturales mucho más pequeños y más delimitados de lo que la mayoría cree, y entornos o actividades profesionales cada vez más especializados. Queremos creer que el estudio y la investigación mentirológica puede mejorar nuestra percepción mentiroscópica, pero está por demostrarse que, efectivamente, el entrenamiento y la experiencia realmente ayuden a detectar y evidenciar mentiras.

Para argumentar sobre la imposibilidad de construir y aplicar un único mentiróscopo, o procedimiento mentiroscópico único, absoluta y permanentemente perfecto, me voy a permitir apoyarme en dos artículos del profesor Emilio García García.

El primero, Inteligencia y metaconducta (1997), sostiene, en su útimo párrafo, que "La metaconducta posibilita al ser humano sobrepasar la biología e instalarse en la biografía, es decir, vivir su vida con sentido, desde un proyecto personal, en un mundo cultural", después de haber definido al hombre como un ser sociocultural. En mi opinión, la mentira, y todo lo relacionado con la mentirología o la mentiroscopia, son metaconductas incluso de tercer orden, porque el análisis de la metaconducta no es sino una metaconducta de orden superior a la que se analiza. Las metáforas de la inteligencia (geográficas, computacionales, biológicas, epistemológicas y socioantropológicas), y entre ellas, las metáforas de la mentira, de la mentirología, y de la mentiroscopia, son metacomponentes de los que Stemberg (1990) distingue principalmente por su acción:

1. codificar, que consiste en identificar los atributos de un estímulo, usando la información almacenada;
2. inferir, que supone establecer relaciones entre los estímulos;
3. funcionalizar, que consiste en descrubrir relaciones entre relaciones;
4. aplicar o extrapolar inferencias o reglas a situaciones nuevas;
5. comparar, que consiste en decidir cuáles de las posibles alternativas es la más apropiada;
6. justificar o decidir si la solución elegida es la acertada para resolver el problema

En toda metaconducta falsa, mendaz o intencionadamente falaz, cada uno de los metacomponentes puede ser detectado y evidenciado, y por la misma razón, todos y cada uno de ellos son siempre perfectibles, en esa persecución eterna, y tal vez circular.

En su segundo artículo, Neuropsicología y género (2003) el profesor sostiene que "La organización funcional del cerebro y las capacidades mentales de hombres y mujeres presentan diferencias significativas. Las investigaciones en ciencias cognitivas, particularmente neuropsicología, así lo constatan. Las diferencias comprenden un amplio espectro, desde actos reflejos a comportamientos más complejos." Por lo tanto, ni la mentira, ni la mentiroscopia, pueden ser igualmente eficaces si el mentiroso es hombre o mujer, y tampoco lo serán si el mentiróscopo es de uno u otro sexo, con todas las combinaciones, problemáticas y excepcionalidades que de ello se derivan. Como no quiero abrir una polémica innecesariamente conflictiva, voy a evitar a toda costa referenciar paradigmas sobre la falsedad de género. Por favor, que nadie me insista, porque si lo hacen, me sentiré intelectualmente atracado, ya que tengo derecho a guardar silencio en presencia de cualquier mujer, y más aún si es inteligente, que quiera preguntarme por algún ejemplo sobre la falsedad de género. Ruego por favor que las mujeres inteligentes lo tomen como un respetuoso cumplido hacia su superioridad, y un expreso reconocimiento de mi inferioridad en esta materia.

Un profesor de Criminología, Antonio García-Pablos Molina, en una fantástica clase, nos explicó que la veracidad y la mendacidad tienen muchas dimensiones, y que las medidas de todas ellas varían con la edad de cada sujeto. García-Pablos nos dijo que, típicamente entorno a los 30 años, se aprenden ciertas técnicas, y se adquieren ciertos hábitos, que diferencian la actitud y la sensibilidad hacia la falsedad antes y después de esa etapa. Si eso es así, cuanto pueda ser mentiroscópicamente eficiente para los jóvenes, deja de serlo para los más adultos.

Otro profesor de lujo, el Dr. José Antonio García Andrade, en una magistral clase sobre la imputabilidad, nos hizo ver que la conciencia de un delito es siempre una cuestión de grados y circunstancias. La falsedad también. Precisamente por las circunstancias debemos hacer examen de conciencia, y como decía Ortega, "yo soy yo y mis circunstancias", pero que no se nos olvide que él Filósofo añadía "si no la salvo a ella, no me salvo a mí".

Y para salvarse, y ayudar a que otros se salven de las mentiras más dañinas, el estudio, la investigación, pero sobre todo, el entrenamiento y más aún la atenta observación es indispensable. Puede parecer muy obvio, pero en materia de mentiroscopia, la constancia y el rigor con el que se observan, valoran e interrelacionan todos los elementos constatados y constatables resultan ser mucho más importantes que todas las ciencias infusas u ortodoxas, más o menos interpretativas o experimentales. Lo cierto es que un inculto ignorante sin gran cociente intelectual puede detectar y probar muy bien una mentira, y que algún sabio con toda la doctrina y los instrumentales más modernos puede ser engañado de múltiples formas, por lo que la mentiroscopia debe basarse mucho más en la observación cruzada y la deliberación multidisciplinar durante el mayor número de horas que sea posible. Para explicar lo que aquí se quiere decir, es muy recomendable haber leído o visto la película u obra de teatro titulada DOCE HOMBRES SIN PIEDAD: EL VEREDICTO (su guionista original, Reginald Rose, narra magistralmente la deliberación de un caso judicial en el que Un joven es acusado de matar a su padre, y es sometido a juicio. La película o la obra de teatro empieza cuando todos los miembros del jurado, excepto uno, creen que es culpable, pero éste expondrá los vacíos en la argumentación de la fiscalía, creando dudas entre el jurado, hasta llegar a convencer a todos los demás de que debe ser declarado no culpable). Sinceramente creo que es muy difícil encontrar una mejor manera de mostrar lo que quisiera denominar como mentiroscopia.

La mentira en el ámbito judicial

En las primeras clases de Derecho, se suele decir que, antes de ninguna otra consideración, hay que tener presente el literal de la norma. En nuestro caso, sin considerar la calumnia y la injuria, ni la falsedad documental (artículos 390 y siguientes del Código Penal), éstos son los artículos más importantes del Código Penal actualmente vigente en España para tipificar la falsedad de las acusaciones y los testimonios (los subrayados y las negritas son míos):

CAPÍTULO V.
DE LA ACUSACIÓN Y DENUNCIA FALSAS Y DE LA SIMULACIÓN DE DELITOS.


Artículo 456.
1. Los que, con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad, imputaren a alguna persona hechos que, de ser ciertos, constituirían infracción penal, si esta imputación se hiciera ante funcionario judicial o administrativo que tenga el deber de proceder a su averiguación, serán sancionados:

   1. Con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de doce a veinticuatro meses, si se imputara un delito grave.
   2. Con la pena de multa de doce a veinticuatro meses, si se imputara un delito menos grave.
   3. Con la pena de multa de tres a seis meses, si se imputara una falta.

2. No podrá procederse contra el denunciante o acusador sino tras sentencia firme o auto también firme, de sobreseimiento o archivo del Juez o Tribunal que haya conocido de la infracción imputada. Estos mandarán proceder de oficio contra el denunciante o acusador siempre que de la causa principal resulten indicios bastantes de la falsedad de la imputación, sin perjuicio de que el hecho pueda también perseguirse previa denuncia del ofendido.

Artículo 457.
El que, ante alguno de los funcionarios señalados en el artículo anterior, simulare ser responsable o víctima de una infracción penal o denunciare una inexistente, provocando actuaciones procesales, será castigado con la multa de seis a doce meses.

CAPÍTULO VI.

DEL FALSO TESTIMONIO.

Artículo 458.
1. El testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial, será castigado con las penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses.
2. Si el falso testimonio se diera en contra del reo en causa criminal por delito, las penas serán de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses. Si a consecuencia del testimonio hubiera recaído sentencia condenatoria, se impondrán las penas superiores en grado.
3. Las mismas penas se impondrán si el falso testimonio tuviera lugar ante Tribunales Internacionales que, en virtud de Tratados debidamente ratificados conforme a la Constitución Española, ejerzan competencias derivadas de ella, o se realizara en España al declarar en virtud de comisión rogatoria remitida por un Tribunal extranjero.

Artículo 459.
Las penas de los artículos precedentes se impondrán en su mitad superior a los peritos o intérpretes que faltaren a la verdad maliciosamente en su dictamen o traducción, los cuales serán, además, castigados con la pena de inhabilitación especial para profesión u oficio, empleo o cargo público, por tiempo de seis a doce años.

Artículo 460.
Cuando el testigo, perito o intérprete, sin faltar sustancialmente a la verdad, la alterare con reticencias , inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes que le fueran conocidos, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses y, en su caso, de suspensión de empleo o cargo público, profesión u oficio, de seis meses a tres años.

Artículo 461.
1. El que presentare a sabiendas testigos falsos o peritos o intérpretes mendaces, será castigado con las mismas penas que para ellos se establecen en los artículos anteriores.
2. Si el responsable de este delito fuese abogado, procurador, graduado social o representante del Ministerio Fiscal, en actuación profesional o ejercicio de su función, se impondrá en cada caso la pena en su mitad superior y la de inhabilitación especial para empleo o cargo público, profesión u oficio, por tiempo de dos a cuatro años.

La jursiprudencia de la falsedad de testimonios es muy contradictoria. Es evidente que distintos tribunales interpretan de forma muy diferente cada uno de los artículos anteriores, y que incluso se encuentran sentencias discrepantes dentro de una misma audiencia, en sus distintas secciones penales, de manera que muchos profesionales del derecho consideran que es una lotería la que acaba decidiendo el criterio aplicable en los delitos más polémicos, como sin duda lo es el de la falsedad.

La
Tribunal Supremo, Sala de lo Penal, de fecha 01/03/2005 dice literalmente: El delito de falso testimonio consiste en la consciente y deliberada falsedad o mentira de la declaración del testigo o en una falta de la verdad maliciosa en el informe pericial. Se requiere, por tanto, no solo la objetiva falta de verdad en la declaración o en el dictamen sino además, el dolo directo, consistente en conocer la falsedad y querer así expresarla. Por lo demás ese falso testimonio habrá de ser prestado en el juicio oral, pues en ese momento cuando cobra virtualidad plena la declaración del testigo o el informe del perito.

Hemos recopilado algunas interesantes sentencias en http://www.cita.es/falso/testimonio

También hemos encontrado espectaculares noticias sobre falsos testimonios en la prensa, recopiladas en http://www.cita.es/falso/testimonio/noticias

Toda una vida no bastaría para analizar las mentiras que se escuchan, o que pueden leerse, en un día en cualquier juzgado, por lo que la definición y división de los distintos tipos de falsos testimonios sería muy compleja, y estaría inevitablemente inacabada, ya que el ingenio de los mendaces siempre superaría cualquier límite aparentemente insuperable. Sin embargo, existe algún tipo de falsedad de segunda generación, y es la falsa acusación de falsedad, de la que nos ocuparemos en lo que sigue.

Metamendacidad judicial o las falsas acusaciones de falsedad

Es evidente que se puede ser falso cuando se afirma que algo es falso. Es muy fácil negar hasta la mayor evidencia. Pero es difícil desbloquear situaciones en las que las dos partes se acusan recíprocamente de mentir a sabiendas de que se está mintiendo, con desprecio total a la verdad del contrario. Siempre es complejo negar una negación, y no siempre se tienen pruebas de lo que se sabe que es positivamente cierto. La prueba diabólica de hechos negativos siempre planea sobre cualquier controversia judicial.

En ocasiones, parece como si las declaraciones contrapuestas estuviesen anudadas, y cuanto más se tira de ellas, más fuerte se hace el nudo. Cualquier intento de deshacer algunos de estos nudos puede acabar como la historia del legendario nudo gordiano, que Alejandro Magno cortó con su espada.

La acusación de mentir es muy fácil de hacer, porque todo el mundo ha mentido alguna vez, y es prácticamente imposible equivocarse si se afirma que alguien ha mentido. Analizar correctamente una acusación de falsedad empieza por delimitar mínimamente lo que se dice que es falso.

En muchas ocasiones, la pregunta obligada es ¿quién miente más, si el acusado por mentir, o el acusador del acusado de mentir?

La experiencia demuestra que la reacción ante una acusación directa y formal de haber mentido, especialmente si se inician actuaciones judiciales por deducción de testimonio por presunta falsedad, suele estar en alguno de estos dos extremos:

a) Evasivas, reinterpretaciones, correcciones y en definitiva, el intento de ajustar lo que se dijo y lo que se viene a decir, a lo que es más cierto.
b) Acusaciones cruzadas, y en los casos más claros, una acusación de mentir contra quien dice que otro miente.

La falsa acusación de falsedad, es decir, acusar de que miente quien no está mintiendo sabiendo el que acusa que el acusado no miente, nos lleva a acusar al que acusa, que a su vez podría estar acusando también, y eso es siempre algo complejo y enrevesado, pero la especialización mentirológica pasa por enfrentarse con estas situaciones con el mayor rigor posible. Para ello, es necesario tener claras ideas de lógica, dialéctica y argumentación, porque muy frecuentemente no sólo está en juego la verdad o falsedad de un dato concreto, sino que también se han de cuestionar todas las interpretaciones y conclusiones posibles de ese dato controvertido. Por ejemplo, muchas acusaciones de falsedad son contestadas con falacias clásicas ya descritas por Aristóteles en sus REFUTACIONES SOFISTAS, como las llamadas falacias de irrelevancia o de distracción. Hay una relación de falacias típicas en http://www.cita.es/falacias

Posiblemente, la más peligrosa de todas las falacias sea la apodíctica o basada en la autoridad, porque cuando se descubre, la tendencia perversa es la de ejercer el poder desviadamente contra quien descubre y hace pública la falacia de quien ostenta el poder.

Ni la mentiroscopia, ni los expertos o peritos en falsedad, falacias y mentiras, tienen garantizada su seguridad jurídica ni tampoco están libres de la culpa de un pecado original, porque la mera pretensión de detectar la mentira en otros hace reconocer implícitamente que uno mismo sabe bien lo que es la mentira, y siempre deben empezar por un profundo examen de conciencia antes de asumir la responsabilidad de formalizar una acusación, en especial, cuando acusan de mentir a quien acusa de mentir a quien acusa de mentir a quien acusa de mentir...


Bibliografía: Libros y artículos leídos, o consultados, para la inspiración de este trabajo inconcluso:

* Breve historia de la mentira. De Ulises a Pinocho. Maria Bettetini. Ed. Cátedra, colección teorema, 2001
* Cómo detectar mentiras. Una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja. Paul Ekman. Ed. Paidós, 1991
* Psiquiatría Criminal y Forense. José Antonio García Andrade. Ed. Centro de Estudios Ramón Areces, 1993
* Evaluación psicológica forense. Coord. Fernando Jiménez Gómez, Ed. Amarú, 2001
* Manual de psicología penal forense. Coord. Miguel Ángel Soria Verde, Ed. Atelier, 2002
* Manual de psicología jurídica. Emilio Mira y López. Ed. Ateneo Argentina, 1945.
* El falso testimonio judicial en el derecho penal español. Ramón Fernández Espinar. Granada, 2005
* El falso testimonio de testigos, peritos e intérpretes. Eva María Domínguez Izquierdo. Publicaciones del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense de Madrid, 2002.
* Lógica para juristas. Jaime M. Mans Puigarnau. Ed. Bosch, 1978
* Elogio de la mentira : engaño y autoengaño en hombres y otros animales. Volker Sommer ; traducción de Oliver Strunk . - Barcelona : Galaxia Gutenberg : Círculo de Lectores , D.L. 1995

Artículos del profesor de la asignatura:
* GARCÍA GARCÍA, E. (1997): Inteligencia y metaconducta. Revista de Psicología General y Aplicada. 50 (3), 297-312.
* GARCÍA GARCÍA, E. (2003): Neuropsicología y género. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 23, 86, 7-19.
y su referencia indirectamente citada:
* STEMBERG, R. J. (1990). Más allá del cociente intelectual, Bilbao, DDB

- Revista del Colegio Oficial del Colegio de Psicólogos, Papeles del Psicólogo Diciembre, nº 92, 2005
* SIMULACIÓN, ENGAÑO Y MENTIRA. SERAFÍN LEMOS GIRÁLDEZ
* PERITACIÓN PSICOLÓGICA DE LA CREDIBILIDAD DEL TESTIMONIO, LA HUELLA PSÍQUICA Y LA SIMULACIÓN: EL SISTEMA DE EVALUACIÓN GLOBAL (SEG). RAMÓN ARCE Y FRANCISCA FARIÑA
* ¿SE PILLA ANTES A UN MENTIROSO QUE A UN COJO? SABIDURÍA POPULAR FRENTE A CONOCIMIENTO CIENTÍFICO SOBRE LA DETECCIÓN NO-VERBAL DEL ENGAÑO. JAUME MASIP
* EL ANALISIS DE CONTENIDO BASADO EN CRITERIOS (CBCA) EN LA EVALUACIÓN DE LA CREDIBILIDAD DEL TESTIMONIO. VERÓNICA GODOY-CERVERA, LORENZO HIGUERAS
* LA SIMULACIÓN DE ENFERMEDAD FÍSICA O TRASTORNO MENTAL. MERCEDES INDA CARO, SERAFÍN LEMOS GIRÁLDEZ, ANA MARÍA LÓPEZ RODRIGO Y JOSÉ LUIS ALONSO RIONDA
* EL ENGAÑO Y LA MENTIRA EN LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS Y SUS TRATAMIENTOS. MANUEL PORCEL MEDINA Y RUBÉN GONZÁLEZ FERNÁNDEZ
* PERSONALIDAD Y DESEABILIDAD SOCIAL EN CONTEXTOS ORGANIZACIONALES: IMPLICACIONES PARA LA PRÁCTICA DE LA PSICOLOGÍA DEL TRABAJO Y LAS ORGANIZACIONES. JESÚS F. SALGADO
* EVALUACIÓN DE LAS DISTORSIONES DE RESPUESTA MEDIANTE EL MMPI-2. HÉCTOR GONZÁLEZ ORDI E ICIAR IRUARRIZAGA DÍEZ 

- Mente y cerebro
* Mentiras. Con la verdad se llega lejos; la mentira, en cambio, tiene las patas muy cortas. ¿Es cierta esa contraposición? Psicólogos, antropólogos y neurobiólogos sostienen que mentir constituye un componente esencial de nuestra inteligencia social. Ulrich Kraft 05/2003
* Mentirosos natos. ¿Por qué mentimos tanto y tan bien? Sencillamente, porque funciona en la evolución. David Livingston Smith 14/2005
* Labilidad de la memoria autobiográfica. Las vivencias de bombardeos y destierros se graban profundamente. Pero no todo lo que recuerdan haber presenciado los testigos ha sucedido según lo retienen. Harald Welzer 14/2005

Bibliografía referenciada indirectamente:

Aamodt, M. y Mitchell, H. (en prensa). Who can best catch a liar? A meta-analysis of individual differences in detecting deception. Forensic Examiner.

Abozzi, P. (1997). La interpretación de los gestos. Barcelona: Martínez Roca. (Publicado originalmente en italiano en 1996 por L’Airone Editrice, Roma, Italia).

Alonso-Quecuty, M. L. (1993). Interrogando a testigos, víctimas y sospechosos: La obtención de información exacta. En M. Diges, y M. L. Alonso-Quecuty (eds.), Psicología forense experimental (pp. 85-98). Valencia: Promolibro.

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