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Texto de Platón (Sofista) y de Aristóteles (Categorías), a comentar

EXTRANJERO.- Deténgase aquí la discusión, entonces. Puesto que tanto el ser como el no-ser comparten la misma dificultad, nos queda la esperanza de que cuando uno de ellos se muestre, ya sea oscura, ya sea claramente, también el otro se mostrará; y si no podemos ver ninguno, seremos al menos capaces de hacer que el razonamiento se abra camino con mayor facilidad en medio de ambos.
TEETETO.- Bien.

EXTR.- Digamos de qué manera enunciamos una cosa que es la misma, en cada caso, mediante varios nombres.

TEET.- ¿Como qué? Da un ejemplo.
EXTR.- Hablamos del hombre, y le aplicamos muchos otros nombres. Le atribuimos colores, formas, tamaños, defectos y virtudes. En todos estos casos -y en muchos más- no sólo decimos que es hombre, sino también que es bueno, e infinitas cosas diferentes. Y del mismo modo, procedemos con todas las demás cosas: sostenemos que cada una es una, y al mismo tiempo, decimos que es múltiple al mencionarla con muchos nombres.

TEET.- Dices la verdad.

EXTR.- Con lo cual, yo creo, preparamos un festín para los jóvenes y para los ancianos que se instruyeron tardíamente. Pues cualquiera comprende directa y rápidamente que es imposible que lo múltiple sea uno, y que lo uno sea múltiple, y, con seguridad, ellos se alegran de que no se permita afirmar que el hombre es bueno pues lo bueno es bueno, y el hombre, hombre. Según creo, Teeteto, has tenido a menudo la ocasión de encontrar a gente que se preocupa por estas cosas: son algunas veces personas de edad avanzada que se extasían ante esto debido a la pobreza de sus recursos intelectuales, y que creen haber descubierto algo enormemente sabio.

Platón, Sofista, 251 a-b


Todas las demás cosas, o bien se dicen de las entidades primarias como de sus sujetos, o bien están en ellas como en sus sujetos. Esto queda claro a partir del examen directo de cada uno de los casos; v.g.: animal se predica de hombre y, por ende, también del hombre individual, pues, si no se predicara de ninguno de los hombres individuales, tampoco se predicaría del hombre en general; volviendo a un ejemplo anterior: el color está en el cuerpo, por consiguiente también está en un cuerpo individual: pues, si no estuviera en alguno de los cuerpos singulares, tampoco estaría en el cuerpo en general; de modo que todas las demás cosas, o bien se dice de las entidades primarias como de sus sujetos, o bien están en ellas como en sus sujetos. Así, pues, de no existir las entidades primarias, sería imposible que existiera nada de lo demás: pues todas las demás cosas, o bien se dicen de ellas como de sus sujetos, o bien están en ellas como en sus sujetos; de modo que, si no existieran las entidades primarias, sería imposible que existiera nada de lo demás.
Aristóteles, Categorías, 2a 34 - 2b 6


Al comentar un texto de Platón, con otro de Aristóteles, y particularmente los dos propuestos aquí, en principio se ha de pensar antes en las preguntas que no hay, que en las proposiciones y argumentaciones, como supuestas respuestas, que puede interpretarse que pretenden dar ambos filósofos, y las de cada uno de ellos en lo que puedan tener de diferente, y especialmente, en lo que sugieren desde sus textos, y más allá de sus literales originales (en griego), para su hermenéutica. Como decía Ortega (Obras Completas, IX, pág. 776) "una cuestión previa" a la filosofía primera que "empieza de verdad" con la pregunta: "¿cuáles algos son substancias?", y en estos dos textos, esos algos, substancias o entidades, cómo lo son, cómo se dice, y cómo puede decirse que lo sean, parece esencial, sin olvidar que sea lo que sea lo que aquí se diga, y también lo que dijeran Ortega, Aristóteles o Platón, tanto si dicen cosas diferentes, como si esencialmente dijeron lo mismo, debe ser considerado esencialmente distinto de lo que son las cosas, tanto como pueda ser distinto "lo que es", de lo que "se dice que es" ("fenomenología del logos"), en cualquier caso.

Lo primero, en tal(es) sentido(s), es "preguntarse sobre la Pregunta" (la mejor pregunta), y sobre las diferentes preguntas que razonablemente se puede suponer que antes se harían Platón y Aristóteles en estos dos textos, también sobre lo que podrían preguntarse entre sí, y lo que se les podría preguntar a ambos, y ser preguntado por uno mismo, a uno mismo, sobre lo que se dice, y lo que se sugiere, en los textos. Tal vez la mejor pregunta es la que ambos autores harían al lector para comprobar si se comprendieron los textos en su intención, y por el profesor en sus posibles y más particulares relaciones. Pero como cuanto se dice en los textos sobre la multiplicidad de sujetos y predicados, también puede decirse de las múltiples preguntas con las que se propone empezar este comentario, éstas han de ser estructuradas proporcional y adecuadamente a lo que esencialmente se propone, desde lo más evidente, hasta lo más sutil o controvertible de cuanto proceda distinguir, según coincidencias y diferencias, por las que cabe preguntarse leyendo estos dos textos, en sus antecedentes, contextos y finalidad. Así, siempre será también esencialmente diferente lo que a cada cual digan los textos, de lo que cada cual pueda decir que dicen los textos, considerando incluso la incontrovertible verdad de que no hay traducciones exactas, y que muy probablemente sería más profundo, y quizá objetivamente mucho mejor, lo que pudiera comentar un filólogo experto en griego antiguo, que un lector de su traducción, apuntando hacia una fenomenología del logos de los logos de los textos, y de lo que puede decirse de lo que se diga de los textos, hasta donde se desee.

Así, es evidente que la pregunta "1. ¿Hay relación(es) entre los dos textos?" sólo puede tener respuesta afirmativa, aunque sea múltiple, y muy múltiple, lo que se pueda decir de su(s) relación(es) (y no interesa tanto lo que no guarde relación) por lo que la siguiente pregunta debe ser "2. ¿Cómo es esa relación (de relaciones)?", además de otras diversas preguntas que cabe hacerse sobre su fundamentación, pero sin duda, la que debe considerarse más importante es la "3. ¿Cuál es el fin de esa relación, en el sentido teleológico?", es decir, qué se pretende conocer, y más aún, qué se pretende hacer conocer, con el estudio, o indagación, sobre la relación de estos dos textos, comprobando en el comentario que sí se ha conocido, efectivamente.

Para describir la relación entre los textos no puede dejarse de observar que, tanto Platón como Aristóteles, hablan "de lo que se habla del hombre", en un decir (logos) sobre lo que se dice, más allá del metalenguaje (o "metalogos" como "logos del logos"), porque ambos utilizan el nombre "hombre" como un claro ejemplo de lo que es uno, siendo múltiple lo que se dice de ese hombre (uno), de cada hombre (de cada uno), y del hombre (de la "unidad del uno"), según lo que Aristóteles finalmente denomina como entidad primaria, sin la que "sería imposible que existiera nada de lo demás". Las preguntas que tanto Platón como Aristóteles parecen hacerse son, al menos, ¿por qué existiendo una unidad en algo, existen también multiplicidad de logos en ese mismo algo? ¿Qué es la unidad, y qué es la multiplicidad? ¿Cómo es esa multiplicidad?

Se sabe que Parménides de alguna manera pudo preguntarse antes sobre algo parecido a lo mismo por lo que se preguntan Platón y Aristóteles, y que los pluralistas de la antigüedad tampoco dejaron de hacerlo, con planteamientos distintos. Pero lo curioso es que más de dos mil años después, sigamos preguntándonoslo, ignorando o no, entre otros, a Ockham, Leibnitz, Wittgenstein, Ortega, Zubiri (según su sentido de la "respectividad") y en la actualidad, por ejemplo, Rorty ("Filosofía y futuro") o Davidson ("Subjective, intersubjective and objective "). En particular, la afirmación de Rorty "el ser al que puede entenderse, es lenguaje" y el sentido que Donald Davidson da a la "intersubjetividad" pueden servir de base para establecer más de un "metacomentario", pero lo importante aquí es lo que puede decirse sobre lo que dijeron, y lo que quisieron preguntarse, Platón y Aristóteles, con su respectividad, y la inevitable, más o menos entendible, y tal vez deseable, intersubjetividad.

En ningún caso puede saberse exactamente con cuántas expresiones distintas se puede decir algo sobre lo mismo, y es excesivamente pretencioso incluso sólo plantearse tal posibilidad intentando cuantificar la(s) multiplicidad(es), ni siquiera aproximando el rango de tales multiplicidades, porque ambos autores hablan sobre lo mismo con una misma palabra, término o concepto (hombre) y  con otras muchas diferentes palabras (diferentes logos incluso del mismo autor en distintas partes de su obra en las que pretende tratar de lo mismo) pero siempre son muchas más de las que pueden encontrarse en un pensamiento humano, porque bastaría considerar otros lenguajes, humanos o no, que le sean desconocidos, para minimizar su propio conocimiento, e incluso su siempre muy limitada intuición sobre lo que no conoce, porque las posibles denominaciones (definiciones, divisiones y argumentaciones) de lo mismo, nunca denominan exactamente lo mismo, como bien saben los filólogos o teóricos de la traducción, y aquí se ve que también los primeros filósofos. La multiplicidad de lo que se dice, y más aún de lo que puede decirse, es siempre más múltiple aún que sus posibles denominaciones, porque es muy múltiple lo que en algún momento y lugar se dice concretamente de algo concreto, y más múltiple aún es todo lo que puede decirse de algo, aunque sólo fuera mostrándolo, como apofántico, es incomparablemente mayor y mucho más complejo, diríase que "más infinito", que su(s) simple(s) deíctico(s) (esto, eso, aquello, en cualquier idioma), o su denominación óptima, si es que en algún momento y lugar puede concebirse entre todos los idiomas alguna denominación realmente óptima, porque en ese caso, también sería ciertamente única, al menos en cuanto que óptima, y eso no parece posible.

No hay denominación, ni predicado, imprescindible o estricta y universalmente necesario. Pero sí que puede haberlos, y parece que hay muchos, razonable y particularmente suficientes. Puede decirse que el sujeto, aún cuando sea múltiple, es menos múltiple que "lo que se predica" , y mucho menos aún que "lo que se podría predicar de un sujeto, de cada sujeto y del sujeto". Así, la multiplicidad se entiende como un concepto muy relativo, incluso respecto a sí mismo, al compararse entre muy distintas multiplicidades, como la múltiple denominación de un sujeto respecto a sus "más" múltiples predicados (ni Platón ni Aristóteles utilizan la palabra accidente en estos dos textos, y sólo el último precisa lo que necesariamente entiende como "entidad primaria").

Al ser la relación de los textos la que ha de comentarse, hay también que intentar adjetivar, al menos relativamente, ambos textos mediante algunas comparaciones que siempre serán imprecisas, e insuficientes. Parece poco discutible que el párrafo de Platón es más sugerente, y concreta menos, que el de Aristóteles, que define, divide y argumenta con más precisión. Platón observa y expone dialogando apofánticamente, y Aristóteles razona lógicamente, en el sentido de que lo hace más siguiendo los principios de la lógica, que los de la metafísica. Entre ambos planteamientos filosóficos están las preguntas sobre lo uno y lo múltiple, y sobre lo que se dice de lo uno y de lo múltiple, que también aquí se buscan, y que muchos filósofos, por no decir casi todos los que se precien de serlo, se han preguntado antes, y cabe esperar que se seguirán preguntando siempre.

Si hay algo de lo que se puede estar completamente seguro, es de que se seguirán comentando estos textos, y sus traducciones, sin que nunca pueda haber un comentario concluyente o definitivo sobre ninguno de ellos, y menos aún sobre su relación. Y también se puede estar seguro sobre la necesidad filosófica de la(s) pregunta(s), sean o no suficientes estos comentarios.




Metacomentando sobre las indicaciones del comentario, quizá puedan ser planteadas al contrario, aparentemente. Sobre estos dos mismos textos, podría bastar el enunciado: "Hágase una una buena pregunta sobre estos dos textos, y contéstese" (por supuesto, no sería admisible copiar el enunciado de la pregunta dos veces, porque sería una buena pregunta seguida de una respuesta tan buena como atrevida e ingeniosa, pero en la que ciertamente se comentaría muy poco, incluso sin dejar hacer más y más metapreguntas).

Finalmente, quiero permtirme un único comentario muy personal, y por lo tanto, tan prescindible como el profesor quiera considerarlo, más allá del ejercicio, y aún de la asignatura. Debo reconocer que inicialmente me sorprendió, y no del todo agradablemente, el complejo planteamiento de este doble comentario, o quizá mejor "intercomentario", o "metacomentario". Creo que debo pedir disculpas por ello, porque con independencia de lo filosófico a lo que aquí se aspira, agradezco que me haya inspirado, y me sugiera nuevas preguntas y tal vez mejores planteamientos, sobre "critología", y sobre la hermenéutica que más necesito, porque es la que se puede esperar en ciertos casos de mí. En mi experiencia como perito judicial, en alguna ocasión como tercer perito, y en lo que me queda de vocación, el comentario de dos textos no es una frivolidad, sino una necesidad que temo que no se ha planteado la doctrina jurídica con suficiente precisión y altura, y lo que es peor, temo más aún que después de haberme planteado aquí algo parecido, sólo me queden dudas e inquietudes sobre cómo deben interpretarse dos dictámenes sobre una misma proposición de prueba que muchas veces se omite o se ignora, como aquí desconocemos lo que se preguntaron Platón y Aristóteles, o lo que se les preguntó, y ellos (se) preguntaron, sobre sus textos.

Sinceramente espero y deseo saber cómo indagar más y mejor en el futuro, y para seguir intentándolo, nada más terminar este trabajo no he podido, ni he querido evitar plantearme, con muchas más preguntas que respuestas, una "hermenéutica pericial", con ciertas pretensiones de un aprendiz de tercer perito interesado en lo que puede llamarse "metaperitología", que quiero entender como unos principios de interpretación "metapericial", autocrítica e intercrítica, de los dictámenes periciales para juzgados y tribunales. Gracias, muchas gracias por ello.

Miguel Ángel Gallardo Ortiz (M.A.G.O.), Tel.: 619776475, http://www.cita.es/metaperitar