Ejercicio de Prácticas
de Antropología propuesto por el Prof. José Luis González Recio en el Grupo
C
a Miguel Ángel Gallardo Ortiz, alumno de primer curso de Filosofía en la
Universidad Complutense
sobre "El origen de las especies" de Charles Darwin
abierto a sugerencias y referencias.
Tras varias conversaciones en clase durante el mes de
octubre de 2002, y de las primeras exposiciones de varios alumnos sobre diversos
capítulos y aspectos de "El origen de las especies" de Charles Darwin, el
profesor González Recio propuso que, para aprovechar mi formación de ingeniero
de minas, le comentase el capítulo X DE LA IMPERFECCIÓN DE LOS REGISTROS GEOLÓGICOS
(pág. 375 y ss. de la edición de Jaume Josa i Llorca en Austral). Pero una
primera lectura en la que recordé algunos fundamentos de estratigrafía y
paleontología, así como la teoría de la tectónica de placas, desconocida por
Darwin, me motivó para ampliar y profundizar, en una contrapropuesta al profesor,
con este planteamiento intentando generalizar y elevar la perspectiva "hacia
lo que actualmente se considera conocimiento científico seguro, y que podemos
inferir
que fuera desconocido para Darwin ". En este sentido, comentamos
preliminarmente, además de la tectónica de placas, las referencias (o más
rigurosamente, la ausencia de referencias) a la genética (la "pangénesis"
y su visión de la herencia merece todo un análisis historiográfico) y biomatemática
o bioestadística (sobre cuyas limitaciones con las estimaciones cuantificadas
él mismo reconoce tener recursos limitados en la pág. 108) evidenciando lagunas,
contradicciones, algún razomaniento falaz o paralogista y abducciones en la
obra y las teorías considerando así, indirectamente, aspectos muy relevantes,
y estando muy abiertos a lo que en otros trabajos se referencie como desconocimientos,
errores científicos o cualquier tipo de ausencia o contradicción sobre las
contribuciones de Darwin que hayan sido concluyentemente superadas en la
actualidad.
No se pretende hacer una crítica a los conocimientos de Darwin, ni a su
obra, sin duda de gran mérito y del máximo valor para la historia del pensamiento,
sino que trataremos de hacer un ejercicio intelectual inusualmente difícil
en el análisis de textos, porque es relativamente fácil encontrar evidencias
de lo que conoce un autor, por ejemplo, mediante citas o interpretaciones
directas, pero es mucho más arriesgado y ambicioso estudiar "el desconocimiento",
porque, en rigor, nos lleva a la prueba diabólica de hechos negativos en su
grado más íntimo. Si es peligroso certificar responsablemente el conocimiento
ajeno, mucho más aún lo es intentar probar el desconocimiento de algún aspecto
de la ciencia por parte de un científico. Sin embargo, resulta también extraordinariamente
interesante el estudio formal del desconocimiento, o para expresarlo mayor
precisión, de los desconocimientos, siempre relativos, de los más respetados
científicos, y entendemos que puede hacerse con el máximo respeto y con cierto
rigor metodológico.
Evidentemente, para certificar un desconocimiento, o la omisión de cualquier
evidencia de conocimiento de un autor, en principio sería necesario considerar
toda su obra, incluso en sus manifestaciones orales, y en cualquier caso,
la lectura exhaustivamente minuciosa de toda su obra escrita. Y eso está fuera
del alcance de cualquier alumno de mis características. De hecho, las 572
páginas de "El origen de las especies" de Charles Darwin tampoco pueden leerse
con suficiente atención por una misma persona cn este único fin. Pero tratando
de racionalizar el problema de investigar el desconocimiento relativo de
alguna materia en la obra de un científico, podemos aplicar cierta metodología
aristotélica definiendo, dividiendo y argumentando los desconocimientos concretos
que podemos considerar en la obra de Darwin.
La metodología de la investigación planteada trata de administrar unas horas,
bastante limitadas dadas las circunstancias y utilidad de este trabajo, a
la lectura de "El origen de las especies" con especial atención a las notas
a pie de página. Pero más allá de los comentarios anecdóticos, lo que venimos
a comprobar es que lo que desconocía, no hace sino confirmar lo que intuye
o infiere Darwin. Así, los movimientos de separación continental (ver nota
5 de la pág. 455), la incidencia de los glaciares (ver nota 6 de la pág. 463)
o las leyes de Mendel, refuerzan la teoría de Darwin, y de haber sabido hacer
análisis matemático y bioestadístico, por ejemplo, con programas informáticos
como los BMDP (BioMeDical Programs) hubiera podido precisar las distancias
taxonómicas entre especies e inferir su origen y evolución, detectando e incluso
cuantificando en gráficos precisos (ver las ilustraciones de las págs. 164
y 165), por ejemplo, aplicándolos al análisis de los mecanismos de aislamiento
y su incidencia en los híbridos impidiendo la reproducción interespecífica
(ver nota 20 de la pág. 354).
Además de pedir la colaboración de los compañeros que han hecho diversos
trabajos, se participado en debates sobre darwinismo en el grupo de noticias
es.humanidades.filosofia y se ha hecho una búsqueda en Internet, encontrando
un interesante manifiesto firmado por varias docenas de científicos aparentemente
acreditados, que solidariamente suscriben, literalmente, el texto «Soy escéptico
ante las pretensiones acerca de la capacidad de las mutaciones aleatorias
y de la selección natural para explicar la complejidad de la vida. Se debería
alentar a un cuidadoso examen de la evidencia que se presenta como respaldo
de la teoría darwinista.», como he podido ver en la página
http://www.sedin.org/bol/bol02B_2002.html
En los días que he dedicado a la elaboración de este trabajo se ha producido
un acontecimiento trascendental, si se confirma. "El primer ser clonado de
la Humanidad puede haber nacido a imagen y semejanza de su madre. Dicen que
se llama Eva y que vio la luz un día después de Navidad. De momento, no hay
datos, ni fotos, ni pruebas científicas que den testimonio de la sorprendente
gesta científica" (EL MUNDO, 28 de diciembre de 2002).
Lo más importante, en mi opinión, es señalar con precisión qué otras teorías
posteriores pueden influir en la interpretación de Darwin, y tal vez lo que
mejor explique la supervivencia de ciertas especies sea, precisamente, la
desaparición de otras, de manera que el fenómeno de la extinción de ciertas
especies pueda ser considerado como determinante para el origen y la evolución
del ecosistema, y de cada uno de sus subsistemas (términos que no nos consta
que Darwin utilizase nunca). Por ejemplo, los mamíferos, y el hombre en particular,
muy probablemente habrían tenido un origen y una evolución muy diferente de
no haber desaparecido los dinosaurios.
He dedicado especial atención a las 4 referencias explícitas al concepto
de extinción, según el índice alfabético (págs. 157, 158, 172 y 411) que Darwin
relaciona con la Geología, y pienso que la "
Teoría de las Catástrofes
" propuesta por René Thom en 1972 ("
Stabilité structurelle et morphogènese
") aporta importantes elementos para la comprensión de la extinción debida
a lo que esta teoría define como catástrofe. En mi opinión, los fundamentos
matemáticos para el análisis de catástrofes son tan aplicables a la biología
evolutiva, como a la antropología, y es esta última la que me parece prioritaria,
aunque sólo sea tratada por Darwin en la penúltima página (571) de esta obra
pronosticando que "
...se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre
y sobre su historia".
La relación entre teoría de las catástrofes y evolución parece articularse
principalmente entorno al fenómeno de la extinción, pero conviene contamplar
más ampliamente el concepto de catástrofe para comprender que lo que resulta
fatal para unas especies, y también para algunos hombres, es una providencial
bendición para otras, y para los que saben buscar las oportunidades anticíclicas.
La catástrofe, entendida matemáticamente como discontinuidad en las condiciones
del entorno, en cualquier modelo o aplicación (biología, ecología, antropología,
demografía, sociología, política, etc) provoca importantes cambios evolutivos
que no habrían tenido lugar de no haberse dado la catástrofe. Un reciente
ejemplo de ello puede verse en las costas de Galicia, pero lo que habrá que
estudiar en el futuro es lo que no resulta tan obvio, porque el impacto medio
ambiental del hundimiento del buque Prestidge altera el equilibrio entre especies
y puede llegar a crear efectos comparables a los provocados por grandes meteoritos,
erupciones volcánicas o epidemias. Curiosamente, las explicaciones que se
ofrecen sobre la desaparición de los dinasaurios son catástróficas (brusca
alteración del clima, radiaciones y otros impactos medio ambientales que
algunos autores atribuyen a la caída de un gran meteorito, aunque no son
teorías pacíficas).
Sería muy interesante, en mi opinión, conectar a Darwin con la comunidad
científica que se ocupa, y se preocupa, de las catástrofes, porque estoy convencido
de que se enriquecería con una nueva dimensión ("catastrófica") el apartado
EXTINCIÓN PRODUCIDA POR SELECCIÓN NATURAL de la pág. 157. Y es esta dimensión,
en mi opinión, la que antes y más debe de ser causa de ocupación, y de preocupación,
en la antropología filosófica.
Por supuesto, sería para mí un placer poder contribuir más y mejor con lo
que modestamente he estudiado sobre la Teoría de las Catástrofes, y lo que
espero y deseo poder ampliar y profundizar en estas investigaciones, de la
forma y en el momento que se considere útil, tanto en las prácticas de esta
asignatura, como en cualquier otra oportunidad futura.
Miguel A. Gallardo Ortiz, en
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